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Semana Santa 2018: Antequera

Por la mañana desayunamos unas tostadas con zumo y dejamos el hostal en el que hemos estado alojados los 2 últimos días.



Nos vamos a Antequera. Lo primero que visitamos es el centro de interpretación de los Dólmenes. A su lado están el Dolmen de Viera  y el de Menga. Si bien el primero te deja un poco frío, el segundo es espectacular, sobre todo después de haber visto el documental del centro de interpretación en el que explican cómo se construyó.



Vamos después al último monumento megalítico de la zona: el Tholos de El Romeral. Al contrario que los otros dólmenes, un Tholos es una construcción funeraria con forma circular. En este caso, tras avanzar por un pasillo se llega a las salas circulares (pues son dos, la primera más grande y la que está al fondo más pequeña).



Tras visitar la zona de los dólmenes, nos acercamos con el coche a un Carrefour para echar gasolina. Desde allí se pueden contemplar las vistas del casco histórico.



Aparcamos fuera de la zona histórica para poder comer. Comemos en Casa Diego. De primero porra antequerana y berenjenas en tempura con miel. De segundo solomillo de cerdo a la parrilla y rebanada de secreto ibérico. También una tila para entrar en calor, puesto que el día está siendo frío y hay llovizna intermitente. Tengo que reconocer que prefiero el salmorejo a la porra antequerana.



Vamos andando al centro. Por todo el pueblo hay Nazarenos preparándose para la procesión que tendrá lugar en un rato.



Subimos andando hasta la muralla de la alcazaba, desde donde se disfruta de una bonita panorámica de Antequera.



No nos da tiempo a ver tanto la alcazaba como la colegiata, así que entramos en ésta última, con unos auriculares que te van haciendo una visita guiada.



Desde esta zona hay vistas de la Peña de los Enamorados. Además de la leyenda según la cual en ella se suicidaron dos amantes de religiones enemigas (cristiano él, mora ella), resulta curiosa la silueta del peñasco, puesto que parece la cabeza de un ser humano yacente.



Rodeamos la alcazaba dando un paseo.



Pasamos por la plaza del Portichuelo, donde están la Capilla Tribuna de la Virgen del Socorro (izquierda) y la Iglesia de Santa María de Jesús (derecha) donde los Regulares de Melilla se están preparando para procesionar.



En el centro de Antequera ya está empezando la Procesión, pero nosotros nos tenemos que ir ya. Voy a recoger el coche mientras Mery hace las últimas fotos.



Finalmente nos vamos hacia Bedmar, pueblecito de Jaén donde está nuestro hostal rural (se llama hostal rural de Cuadros y está situado concretamente en la carretera de Bedmar a Cuadros), en el que pasaremos la última noche del viaje. Para encontrar el hostal pasamos una auténtica odisea, puesto que está muy escondido y a estas horas de la noche y en esta carretera no hay ni una luz. Pero finalmente llegamos y podemos descansar y reposar durante la noche. 

Semana Santa 2018: Málaga

Arrancamos la mañana en dirección a Málaga. Antes de llegar paramos en el Jardín Botánico de Málaga. Las fotos más espectaculares son desde un templete en la parte más elevada. Desde aquí se puede ver la ciudad a lo lejos.



Vamos a Benalmádena para comer en un chiringuito de playa . Finalmente acabamos comiendo en uno en Torremolinos (están las dos ciudades pegadas) justo en la raya de separación, llamado Chiringuito los Marengos. Tardan demasiado en atendernos, pero al final acaba llegando mi lubina en espeto y un pulpito a la brasa para Mery. La comida no está mal, aunque lo mejor es que el restaurante está justo al lado del hotel en el que nos alojamos en Torremolinos hace 9 años, una de nuestras primeras vacaciones juntos. ¡Ay, qué recuerdos!



Tras la comida, vamos a Benalmádena pueblo y visitamos el Castillo de Colomares. Desde allí hay muy buenas vistas del Mediterráneo, y el castillo es muy curioso. Aunque es muy ecléctico, resulta bonito. Mery se quita una espinita, puesto que desde que lo vio hace años había tenido la ilusión de verlo.



Nos metemos en el centro de Málaga, y la verdad es que encontrar aparcamiento un jueves santo y con procesiones es casi imposible. Finalmente, tras 1 hora dando vueltas, por fin encontramos un parking céntrico que no estaba lleno, el del Pompidou.

Lo primero que hacemos tras pisar la ciudad es tomarnos una foto junto a la caja símbolo del museo.



También hacemos foto de la Farola, que se encuentra en las cercanías y es otro de los símbolos de la ciudad.



Seguimos en nuestro modo más "guiri", haciéndonos ahora una foto en el cartel de la playa de la Malagueta, probablemente la más famosa de las playas urbanas de Málaga.



Recorremos el Palmeral de las Sorpresas. A su lado está atracado el barco en el que llegaron los legionarios por la mañana para salir en procesión con el Cristo de Mena.



Con las últimas luces del día nos acercamos a la Catedral y el Palacio Episcopal.



Fuimos a ver la procesión, estaban pasando los legionarios por la calle Larios, pero había muy pocos huecos desde donde verlos, puesto que montan gradas para que la gente los vea desde allí.



Cenamos en The Good Burger y estuvimos paseando por el centro.



Finalmente decidimos que si queremos ver la procesión lo mejor era irnos a un punto más avanzado del recorrido, así que eso es lo que hicimos. Donde estábamos sí que podíamos ver perfectamente pasar a los legionarios.

Eso sí, cuando pasaron por donde estábamos ya eran más de las 12. Qué diferencia entre el calor de mediodía en el chiringuito playero con el frío por la noche esperando la procesión.



Tras ver la procesión entera, ya solo nos quedaba regresar al parking y volver a Colmenar, donde estamos alojados.

Semana Santa 2018: Cádiz V

Es nuestro último día en Cádiz, la tacita de plata. La verdad es que lo hemos disfrutado mucho, nos ha encantado la ciudad.

A primera hora dejamos las maletas en el hotel y nos vamos a ver la catedral. Aún está cerrada, por lo que nos damos una vuelta por el centro hasta que ya la abren antes de empezar la misa.



Paseamos por el barrio del Pópulo



Ya nos conocemos el centro histórico, así que vamos a los sitios que más nos han gustado estos días, como por ejemplo la Plaza de las Flores.



A las 12 teníamos reservada la visita a la Torre Tavira, que es una antigua torre vigía. En Cádiz hubo numerosas torres de este tipo, pero ésta es concretamente el punto más alto de la ciudad antigua. En lo alto hay una cámara oscura, que es un sistema óptico por el cual se refleja en una superficie blanca las vistas que hay en el exterior, como si se estuviera oteando a través de un catalejo enorme.



Vamos a las ruinas fenicias de Gadir. Están muy bien explicadas, es una visita en mi opinión imprescindible. Se trata de posiblemente las ruinas fenicias mejor conservadas del mundo, un auténtico tesoro. Además, la guía que nos acompañó, además de ser una arqueóloga reputada, es una gran comunicadora.



Damos un paseo a la Plaza de España, para ver el Monumento a la Constitución de 1812. La verdad es que Cádiz tiene historia por los 4 costados, en cada rincón de la ciudad te encuentras partes importantes del pasado de España.



Para hacer hambre, Damos un paseo por la Alameda Apodaca, otra de las zonas verdes de la ciudad, donde no abundan mucho por lógicas cuestiones de espacio.



Pasamos de nuevo por el Gran Teatro Falla, y llegamos al restaurante La barra del Faro de Cádiz. Comemos a base de raciones, que la verdad es que están muy ricas: tosta de queso en tempura, tosta de carne mechada, mollete de presa ibérica con manteca colorá, berenjena asada con especias, tapa de jamón de pato sobre manzana... y de postre torrijas con helado de romero y canutillos con helado de chocolate y chocolate blanco. Comida espectacular.



Cogemos el coche, nos acercamos a la catedral y recogemos las maletas. Justo está pasando una procesión, la última que veremos en Cádiz (sospechamos que no la última de la semana).



Al salir de Cádiz pasamos por la puerta de Tierra.



Tras un viaje de más de 3 horas, llegamos con la caída de la tarde a nuestra casa rural en Colmenar, no muy lejos de Málaga.


Semana Santa 2018: Cádiz IV

Por la mañana cogemos el coche hacia Vejer de la Frontera. Aparcamos cerca de la Plaza, y entramos en la zona amurallada. Visitamos el Castillo, guiados por dos pequeños scouts (dos chiquillos del pueblo que enseñan el castillo, o al menos lo intentan, porque los pobres son demasiado pequeños para poder dar muchas explicaciones).



Vamos dando una vuelta por las murallas, hasta llegar a la Iglesia del Divino Salvador, de estilo mudéjar levantada sobre una antigua mezquita.



Aún son las 2 y media, pero vamos a comer al Jardín del Califa, el restaurante que habíamos reservado. De entrante nos tomamos unos briouats, y de plato principal, pastela y pollo libanés. De postre pedimos té marroquí. Es una comida exótica, que no desentona en este viaje en el que la herencia árabe está muy presente en tantos sitios.



Hacemos un descanso en la Plaza de España, concretamente junto a la fuente de "los pescaítos".



Cogemos el coche hacia Santa Lucía, una pedanía de Vejer, para hacer la ruta de los molinos y ver el acueducto. Pero como se hace tarde, es obligatorio priorizar las visitas, así que lo dejamos al poquito de iniciar el recorrido y nos vamos en coche hacia la playa de Bolonia.



Ahí están las ruinas romanas de Baelo Claudia. Como solo quedan 40 minutos para que cierre, pasamos rápido por el museo y vamos a las ruinas. El entorno es fantástico, con el teatro y el foro principal, que cuentan con unas vistas impresionantes con el mar al fondo. Es una visita totalmente recomendable.



Terminamos la jornada en la playa, descansando un rato, en el que yo aprovecho para echarme la siesta. Por último, nos acercamos a la orilla del mar, desde donde vemos el atardecer.



Al volver a Cádiz cenamos de nuevo en la Tapería de Columela. Esta vez, por mi parte lasagna de atún y una tapa de carne (magret de pato sobre manzana y coulis de frambuesa), y por parte de Mery  alcachofas y (repitiendo del primer día) palitos de berenjena.



Al salir, nos acercamos a otra procesión.



Dejo a Mery en el hostal y al ir a por el coche para aparcar, está la procesión que habíamos visto previamente entrando en la iglesia de Santiago Apóstol, así que aprovecho a ver esa entrada final, muy sentida por parte de la gente que estamos presenciándolo.

Semana Santa 2018: Cádiz III

Por la mañana cogemos el coche y salimos de Cadiz cruzando el Puente de la Constitucion de 1812 (conocido como Puente de la Pepa). Llegamos a Medina Sidonia, en lo alto de las colinas. Nos dirigimos lo primero al castillo, con restos romanos, árabes, medievales y franceses.



Las vistas del valle desde el castillo son impresionantes. Parece mentira que en estos parajes gaditanos se pueda ver un territorio tan verde.



Como habíamos comprado la entrada conjunta con el Museo Arqueológico de Medina, aparcamos en un parking en la parte baja de la ciudad y vamos a dicho museo. Esta construido sobre unas antiguas edificaciones romanas, por las que se puede pasear en toda la planta baja.



En la planta superior está el museo en sí, con piezas similares a las del Museo de Cádiz. Aquí están las monedas de la época árabe encontradas excavando en el castillo, de las que nos hablaron antes.



Tras terminar la visita al museo, la encargada nos lleva a visitar un trozo de calzada romana que se encuentra a unos metros de distancia. Este trozo de Cardo (la calle principal de las ciudades romanas, con orientación norte-sur y que se cruzaba perpendicularmente con la otra calle principal, el Decumanus) fue encontrado al excavar para hacer un parking subterráneo. La verdad es que si te abstraes de las paredes y miras únicamente hacia abajo, da la sensación de estar en los tiempos romanos.



Subimos a la plaza de la iglesia a comer. Habíamos reservado en el Restaurante La Vista de Medina. En la terraza, las vistas son espectaculares, dominándose todo el pueblo. Eso sí, una chaqueta más me hubiera sido de gran ayuda, porque hacía bastante fresquito cuando el viento golpeaba la terraza.



Comimos unas croquetas para compartir, y de segundo una pluma y una hamburguesa de retinto. Por las críticas en tripadvisor esperábamos que fuera más cutre o que la comida no tuviera gran calidad, pero salimos muy satisfechos en ambos aspectos. La verdad es que con la citada chaqueta, la experiencia sería de 10.



Visitamos la iglesia de Santa María la Coronada, de estilo gótico, y subimos al campanario, desde el que hay otras vistas espectaculares.



La iglesia es muy bonita por fuera (dominando una plaza muy agradable), pero por dentro no se queda corta. Como dice Mery, es una mini-catedral.



Bajamos hasta el coche dando un paseito y desviándonos para visitar la plaza de España, donde se encuentra el ayuntamiento y todo el bullicio y la vida que se echa en falta en las partes más altas de Medina Sidonia.



Finalmente cogemos el coche para ir a Alcalá de los Gazules. Aparcamos y me echo un ratito de siesta, porque me encontraba cansado. El pueblo nos sorprende menos; visto Medina, Alcalá nos dice poco, más allá de la plaza con la iglesia de San Jorge y las vistas de la verde campiña. Pero nos da la sensación de que esas mismas vistas, al igual que las casas blancas con remates en color mostaza, ya las hemos visto en Medina en mayor proporción.



Volvemos a Cádiz, pero antes de pasar el puente de la Pepa, nos desviamos para hacer fotos del sol atardeciendo entre los ojos del puente. Los efectos del sol a esa hora son impresionantes. Como ejemplo, una foto sin filtros, tal cual sale de cámara.



Tras dar unas cuantas vueltas para aparcar (el centro de Cádiz es de los sitios más complicados para ello, y más si se junta con estar en fechas de procesiones), dejamos el coche muy cerca de la catedral (y por tanto de nuestro hostal). Llegamos a nuestra habitación, y dedicamos un rato a ver la procesión desde nuestras fantásticas butacas reservadas, en el balcón.



Para terminar el día, y explotando al máximo las ventajas de nuestra ubicación, cenamos unas tapas en el Bar El Laurel, que se encuentra en nuestra misma calle.