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El día de los Playmobil

El sábado pasado María me dió una pequeña sorpresa: me llevó al centro comercial Gran Vía de Hortaleza a ver una exposición sobre los playmobil. Los juguetes favoritos de mi infancia. Así que no perdí la oportunidad de recordar mis días de niñez, en los que montaba grandes batallas entre ejércitos de clicks.


El famoso barco pirata, uno de mis favoritos junto al Fuerte Randall:



María junto al poblado indio:



Algunos de los más antiguos y clásicos:


Qué miticas las plumas indias:


Las calles de Madrid vistas por los clicks:


El desfile de los legionarios, con la cabra presidiendo:


Así ven los clicks la realidad:


Angelitos clicks:


Julián al lado de los clicks:


Una procesión muy "playmobil":


El Retiro según los clicks:


La fuente de Neptuno:



Una bonita sorpresa, como podéis ver. Me transportó a los días de mi niñez, en los que la vida al llegar a casa del colegio se resumía en subir a la habitación y equipar a los clicks para, posteriormente, organizar una buena pelea entre ellos.

Después de visitar la exposición nos dimos una vuelta por el centro comercial, que no tiene casi ninguna tienda interesante, y decidimos irnos a cenar al Plaza Norte. Allí acabamos en La Alpargatería, donde pedimos una ensalada de rulo de cabra para empezar, y luego sendas pizzas, la mía la jamoona y la de María una Bolognesa. Para rematar queríamos tomar un frapuccino en el Starbucks, pero lo estaban cerrando, así que nos ahorramos el postre.

Más nieve: Gredos

Parece que la nieve de Londres se nos hizo poco. Aprovechando mis días libres (que nunca suelen coincidir con los del resto del mundo) y los días de vacaciones que debían a Julián, decidimos ir a Gredos y, más concretamente, al Puerto del Pico y a la Plataforma de Gredos.

Al salir del pueblo, el día parecía estupendo, hacía un sol de justicia y una temperatura muy agradable. Pero, al llegar a Los Navalmorales, la niebla se apoderó del paisaje durante casi 40 kilómetros.




Nada más pasar de Talavera, volvimos a ver el sol, que ya nos acompañó durante todo el día. Éste es uno de los primeros momentos en los que vimos la nieve más o menos cerca.




Nuestra primera parada fue en las Grutas del Águila, situadas en la Sierra del Águila, entre Ramacastañas y Arenas de San Pedro.






Tras un rato esperando al siguiente turno de visitas (que aprovechamos para informarnos sobre la historia de las grutas y hacer unas cuantas fotos), por fin entramos.




La sala principal consiste en aproximadamente un kilómetro de recorrido por unas formaciones la mar de curiosas. Ésta es una de las más famosas, a la que han llamado "La Virgen del Carmen".




La siguiente parada fue en Arenas de San Pedro. Lo primero que visitamos fue el puente medieval, donde hicimos varias fotos.










Con el día tan estupendo que hacía, nos pusimos a tomar el sol, Julián se tumbó en una piedra y casi se duerme. Y no era para menos, la temperatura y el paisaje invitaban a relajarse...






Tras ver el puente, nos adentramos en el pueblo, pequeño pero con encanto. Lo primero que visitamos fue la iglesia.



Después vimos la estatua de San Pedro, patrón del pueblo.



Y justo enfrente de la estatua se encuentra el castillo. Una pena que esté tan encajonado, porque así no se puede apreciar su belleza.



De castillo a castillo y tiramos porque nos toca. La siguiente parada es en el pueblo de Mombeltrán. En la misma explanada encontramos el castilllo, la ermita y un parque con unos árboles muy curiosos y unos aparatos de gimnasia que no pude resistir probar.








De camino a Gredos se produjo uno de los momentos que más le gustaron a Julián. Al pie de la carretera encontramos cabras hispánicas, o montesas, buscando comida.






Nada más coronar el puerto, llegamos a la "Venta Rasquilla", uno de los restaurantes más famosos de la zona.



Julián se decidió a probar las judías blancas, uno de los platos más típicos del lugar.



Y de segundo, nos pedimos unos chuletones de ternera de Ávila, exquisitos.



Tras el postre, un café en el Parador de Gredos, precioso también.



Y de allí, a la Plataforma de Gredos, donde pasamos una tarde muy agradable jugando con la nieve.











Cuando se estaba poniendo el sol, decidimos volver hacia casa. Pero antes, una paradita para ver la calzada romana, todo un lujo para los amantes de la historia (algunos no dudaron en hacer un poco el tonto y "convertirse", por un momento, en gladiadores).



Un poco más modernos que la calzada, aunque también con bastantes años, los antiguos indicadores de la carretera llamaron nuestra atención.



Estas escaleras han sido testigo de todos mis viajes a Gredos, aunque esta vez me tuve que subir a la barandilla porque los escalones estaban llenos de nieve.



La última imagen de nuestro viaje antes de llegar a casa fue esta bonita puesta de sol.



Con esto nos despedimos hasta nuestro próximo viaje (esperando que no tarde mucho en llegar). Se admiten sugerencias.